miércoles, 15 de mayo de 2024
Este proyecto, es un pequeño homenaje a una tradición muy valenciana en Pascua y que muchos hemos vivido como algo especial en la infancia.
Con tres cañas, papel y cuerda de palomar se podía hacer un “cachirulo” que surcase los cielos. Pegamento y retales de tela para elaborar la cola, completaban la lista.
Esta costumbre se ha ido perdiendo poco a poco. Sobre todo la que tiene que ver con la elaboración artesana y casera de este artilugio que luego surcaría los vientos en la playa, en la montaña o en la ciudad, tras la correspondiente merienda «pascuera»
Esta tradición está documentada a través de valencianos tan ilustres como Joaquín Sorolla o Mariano Benlliure, quienes pintaron sus propias cometas y que reflejaron en sus cuadros.
Y aunque los valencianos no pueden decir que hayan inventado la cometa, puesto que proviene de mitad del siglo XIII y de la China, lo cierto es que durante un tiempo fue una parte imprescindible de la Semana Santa.
Actualmente, tenemos también la opción de comprar preciosas cometas y disfrutar del Festival Internacional que se realiza en nuestras playas de la Malvarrosa y de Gandía. Porque lo realmente importante es ese instante donde te reúnes con amigos y familia y vuelas a través de algo tan sencillo y bonito como una cometa.
Si has tenido en tus manos alguna vez una flor de amapola, habrás podido comprobar que sus pétalos son extremadamente delicados. Rápidamente se marchitan.
Pues bien, la amapola esconde varias historias tras sus pétalos, todas hermosas y llenas de magia, como buenas leyendas. Es una de las flores con más cantidad de leyendas y literatura que existen, probablemente por estar estrechamente relacionada con el hombre y la agricultura desde tiempos inmemoriales.
Para los egipcios esta flor era un símbolo de la hermosura y la juventud de la mujer. En las tumbas de los faraones depositaban grandes ramos de amapolas, para que sus antecesores conservaran la eterna juventud.
En la antigua Grecia y Roma, se conocían muchos mitos sobre la flor roja de la amapola.
Una de ellas es la que explica que la diosa Venera, al descubrir que Adonis su amado, había muerto, lloró durante siete días consecutivos.
Cuenta la leyenda, que cada lágrima que caía al suelo, se convertía en una flor de amapola. Por eso la fragilidad de los pétalos de esta flor, que caen al igual que las lágrimas de Venera.
Aunque la leyenda más popular, está sacada del antiguo libro oriental «la protectora de las almas» de Ey-chan-Y-Taipu.
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